Enviado por buscapies el Abr 16, 2009 en
Relatos por entregas
…Continúa del número anterior.
En Turcomanía conocieron a los mejores tejedores de alfombras, en el desierto de Gobi dedicaron un mes entero a atravesar su lado más estrecho y luego vivieron un año en Campichu donde observaron las costumbres locales. El joven Marco, entusiasmado por el viaje, demostró una gran capacidad de retención y una curiosidad que lo convirtió en uno de los primeros viajeros por amor al propio viaje, aunque la finalidad de la expedición en la que participaba fuera comercial y diplomática. Catay poseía una civilización avanzada, que utilizaba papel moneda y un calendario solar. Desde Xinjiang y Mongolia siguieron paralelamente los 5000 kilómetros de la Gran Muralla China hasta Shangdu, residencia veraniega del emperador, donde éste los recibió entusiasmado. Kublai Khan, confió en el joven italiano, que ya a su llegada hablaba y escribía varios dialectos locales, encargándole la inspección de sus territorios.
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Etiquetas: Lectura
Enviado por buscapies el Mar 7, 2009 en
Relatos por entregas
En 1271, un joven veneciano de 17 años, perteneciente a una familia de comerciantes, partió hacia los lejanos y entonces míticos reinos de Oriente acompañando a su padre Nicolás y su tío Mateo.
Ellos habían regresado de un largo viaje que, más de veinte años antes, los había llevado a las tierras del gran Kublai Khan. En aquel primer viaje, que emprendieron en 1250, partieron con el objetivo de establecer nuevas rutas comerciales, y fueron muy bien acogidos por el gran emperador mongol.
Desde que su abuelo Genghis Khan la conquistara en el siglo anterior, China había cambiado su nombre por el de Catay y su lejanía y las leyendas sobre el reino habían mantenido apartados a los occidentales, nadie iba por allí.
La familia Polo fueron los primeros latinos que vio el Khan, y con ellos habló largo tiempo interrogándolos sobre todo lo referente a su civilización, y en especial a su organización política y económica. Sin embargo, Kublai Khan había enviado de vuelta a los Polo con el encargo de rogar al Papa el envío de misioneros cristianos para formar a sus súbditos en arte y matemáticas. En su regreso fueron acompañados por un barón del emperador y su rica comitiva, en embajada diplomática.
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Enviado por buscapies el Feb 9, 2009 en
Relatos por entregas
Era domingo y estábamos celebrando un cumpleaños con un montón de niños de primaria;cuando la fiesta se calmó un poco reuní a todos, les hice sentar en el suelo y les propuse un juego que consistía en ver quién tenías las mejores ideas y cómo se sometían a debate. Al final habría premios y sorpresas. Después de unos minutos de revuelo uno de los niños levantó la mano pidiendo la palabra y dijo: “yo tengo una buena idea” ¿Cuál?- preguntamos varios a coro. “HAGAMOS UN MUNDO MEJOR” Sí, pero ¿cómo? -replicó un rubiales lleno de pecas. Eso ¿cómo? -apuntó otro desde el fondo del grupo. Pues por ejemplo -dijo otro- procurando que todo el mundo sea feliz, ayudando a los demás, a los que están enfermos a las personas mayores y esas cosas. Y también a los millones de niños que pasan hambre en el mundo -dijo un gordito. Claro dijo alguien desde el fondo, lo veis muy fácil pero cómo vamos a poder hacerlo y ¿si piensan que lo hacemos esperando un regalo y si no entienden nuestra buena intención? ¡Qué va, listillo, qué va! -replicó uno de la primera fila- seguro que todo el mundo entenderá que lo hacemos por una buena causa, ya veréis como al final nos dan las gracias por ello. Yo estaba alucinado viendo cómo un grupo de niños debatía sobre cómo ayudar a los demás y la forma de ponerlo en práctica y recordé cuando a veces los adultos sólo nos preocupamos por nosotros mismos sin importarnos el dolor ajeno y sin ocuparnos para nada de hacer un poco más felices a los que nos rodean. Sentí mucha vergüenza pero por otro lado me alegró enormemente la lección que aquellos niños nos estaban dando así que les pedí un poco de calma y les dije: -Bien, ahora tratad de poner por orden en una lista las cosas que pensáis que habría que hacer y enviadlas a los periódicos, a la radio y a la televisión para que todo el mundo se entere y a partir de este momento que cada uno de vosotros en su casa, en el cole, con los amigos y con todas las personas se comporte como aquí habéis dicho y estoy completamente seguro que aunque ahora os parezca difícil conseguiréis lo que os habéis propuesto: hacer entre todos un mundo mejor.
Etiquetas: Niños
Enviado por buscapies el Ene 24, 2009 en
Relatos por entregas
Querido diario de la Navidad:
Ha terminado un año 2008 inolvidable y ha empezado uno nuevo que seguro que también llega cargado de muchas sorpresas. Igual que cada año es diferente, también yo he vivido cada Navidad de forma distinta; por ejemplo nunca olvidaré aquellos años en los que con tanta ilusión recibía a la Navidad, ponía el árbol, escribía la carta a Los Reyes Magos, disfrutaba en esas fantásticas cabalgatas y, sobre todo, esperaba emocionada la llegada de Papá Noel y Los Reyes Magos. Ahora, en cambio, a medida que nos hacemos mayores le damos menos importancia a todos esos momentos mágicos que nos ofrece la Navidad, y nos interesamos por otras cosas.
A los más jóvenes nos gusta salir, ir de fiesta, estar con los amigos y divertirnos. De ese modo, sin saberlo, va desapareciendo poco a poco nuestro Gran Espíritu de la Navidad, que es el que realmente nos ofrece la verdadera diversión, además de muchísima ilusión. Ilusión, esa es una de las importantes y grandes cosas que contiene ese Gran Espíritu navideño, porque una Navidad sin ilusiones, emociones, deseos, felicidad, amor… no es Navidad. Son los más pequeños los que la disfrutan cada año al máximo porque tienen muy vivo su Espíritu navideño, y es en esta ocasión cuando los más mayores debemos aprender de ellos o…quizás el día menos pensado nos encontremos con nuestro ¡Gran Espíritu de la Navidad! que, tal vez, ya dábamos por perdido.
Mi pequeña historia de la Navidad: Hace algunos años mi Espíritu de la Navidad comenzó a apagarse. El 25 de diciembre, como cada día fui al lago, ya que es el lugar donde me relajo y en el que puedo pensar con tranquilidad. Ese día me encontré con un viejo señor de pelo blanco y una gran barba blanca y con una gafas algo gastadas, llamado Nicolás, que me pidió ayuda para buscar a uno de sus renos que había perdido la noche anterior. (Todavía no sé muy bien si yo lo encontré a él o él me encontró a mí.)
Mientras estuvimos buscando a Rudolph mantuvimos una conversación ¡mágica!
Nunca olvidaré aquello que me dijo: “La verdadera magia está en uno mismo, sólo hay que encontrarla” Más tarde añadió: “Cierra los ojos y piensa en lo que más desees ahora mismo”. Eso hice exactamente: cerré mis ojos y deseé con todas mis fuerzas encontrar a su reno y, antes de que hubiera abierto mis ojos oí a Nicolás decir: “Joujoujou, tú ya la has encontrado”. Cuando abrí los ojos vi a Rudolph, con su peculiar nariz roja, que nos miraba emocionado. En ese momento desaparecieron y supe que ocurrió algo mágico. De pronto oí como desde las nubes alguien me decía: “Recuerda: siempre estará en ti, nunca la olvides”.
Laura Folgado Catalá. 15 años
Etiquetas: Navidad
Enviado por buscapies el Ene 1, 2009 en
Relatos por entregas
Os voy a contar un cuento que podía suceder
en cualquier lugar del mundo y en nuestra ciudad también.
Había nacido un niño, igualito que Jesús
un poquito más moreno, que se llamaba Raúl.
Su madre era africana, su padre ecuatoriano
¿Y el niño? El niño era valenciano.
Vinieron a nuestra tierra, buscando una vida mejor
No nació en un pesebre, porque allí estaba yo.
Me los llevé a mi casa , les ayudé cuanto pude,
les di calor y cariño, siempre fueron mis amigos.
Me enseñaron muchas cosas que yo antes no sabía,
de su país, de su tierra, de su familia y su vida.
También yo les enseñé a conocer cosas nuevas
nuevas gentes, nueva vida y una nueva ilusión que jamás olvidarían.
Trabajaron como nadie, ayudaron a su familia
y se hicieron una casa en la cual se recibía
a todo el que necesitaba una familia amiga.
El niño creció muy sano y muy lleno de alegría
sabiendo que en este mundo, todo en la vida,
valía la pena vivirlo cuando hay una mano amiga.
No hubo sólo tres Reyes, sí hubo muchos amigos
valencianos como él , que regalos le traían
Pero el mejor que le hicieron, fue su amor y compañía
y sentirse muy querido en esta Valencia mía.
Consuelo Albertos Marco
Profesora de 5º de primaria del Colegio Argos de Valencia
Etiquetas: Niños