Pantalla grande
Ya hemos comentado muchas veces el grado de perfeccionamiento técnico al que el cine de dibujos animados ha llegado en nuestros días. Las grandes productoras estadounidenses, en especial, y las europeas, incluida la española, no paran de deslumbrar al espectador con sorprendentes filigranas visuales que parecían imposibles de ser elaboradas hace muy poco tiempo. Sin embargo, existe un reducto creativo en el que el progreso técnico no importa. Hay un genio de la animación que se resiste a dejarse avasallar por los nuevos adelantos digitales. Existió un tiempo en el que este tipo de películas acumulaban el valor maravillosamente imperfecto de la artesanía, de la labor hecha paso a paso, trazo tras trazo, papel tras papel. Por fortuna, hay un señor japonés que sigue regalándonos dibujos en movimiento, hechos prescindiendo del ordenador, con esa deliciosa ingenuidad que expande el pincel, el colorín, la paciencia humana convertida en motor de la creación. Se llama Hayao Miyazaki. Es el autor de obras maestras como TOTORO o EL VIAJE DE CHIHIRO. Corred a disfrutar de su última gozada. Lleva por título PONYO EN EL ACANTILADO.
La película es un hermoso canto a la imaginación, un sencillo y emocionante cuento que entusiasma de puro sabio, limpio y experimentado. Una pequeña sirenita quiere tornarse humana, pues el destino le ha jugado a su corazón la jugada de quedarse prendado de un niño que vive junto al mar. La fantasía, siempre, como arma sobre la que engrandecer nuestras vidas. Saboreadla en toda su desbordante inocencia.


