Destino: Infancia
(Dedicado a todos los niños y, en especial, a mis hijos José Alberto y Cristian que –hace ya unos años– también lo fueron)
I
Resistías en el vientre
esperando la hora buena.
Por fin hallaste la luz,
abandonaste la cueva
para visitar un mundo
que, en verdad, vale la pena
II
Tu piel arrugada,
tus mejillas blancas,
tu corta silueta,
tu dorada estampa
y tu naricita
tan bien moldeada
era obra maestra
digna de alabanza:
sueño de pintores
poder dibujarla.
(Fue miel tu sonrisa;
tu llanto…balada.)
III
Y sin enterarte
vas creciendo, niño,
puro como un ángel,
guapo como un lirio.
Lentamente avanzan
tus endebles piernas
buscando esa presa
que cruza la acera:
es una hormiguita
diminuta y tierna
que atrae tu estima,
logra tu clemencia.
Hay una paloma
que busca tu mano,
pide tu caricia:
en ti ve su hermano.
Y Dios os admira,
ríe emocionado
viéndoos jugar
tan compenetrados.
Juegos y más juegos…
¡como te embelesas!
¿Juguetes que rompes?
perdiste la cuenta.
Mas… hay un muñeco
que íntegro conservas:
con él siempre duermes
y con él conversas;
con él cenas, comes,
incluso te bañas;
no recuerdo el nombre
pero sí su cara
compartiendo lecho
junto a tu almohada.
(Los tres abrazados
con la noche en calma
soñabais coger
la estrella más alta.)
¡Qué felices años
nos deja la Infancia!
Vicente Benedicto Hernández



